Si tu perro hablara: alimentos tóxicos.
Por Pascale Saravelli, educadora canina y codirectora de Social Dogs Mallorca.
"Por favor... no compartas todo lo que hay en tu plato. Algunos de tus alimentos podrían costarme la vida."

Si convives con un perro, seguramente habrás vivido esta escena: estás preparando la cena cuando, de repente, aparecen dos ojos observándote en silencio. Te sientas a la mesa y, en cuestión de segundos, una cara esperanzada se apoya suavemente sobre tu rodilla. Es difícil resistirse. «Es solo un trocito». Al fin y al cabo, si nosotros podemos comerlo, ¿por qué ellos no?
La respuesta es sencilla. Porque los perros no procesan los alimentos igual que nosotros.
Durante miles de años, los perros evolucionaron como animales oportunistas que aprovechaban cualquier alimento disponible. Si encontraban algo comestible, lo más inteligente para sobrevivir era comerlo. Sus instintos apenas han cambiado. Nuestras cocinas, en cambio, sí.
Muchos alimentos que son completamente seguros para las personas pueden resultar tóxicos para los perros porque su organismo metaboliza determinadas sustancias de forma muy diferente.
El chocolate es, probablemente, el ejemplo más conocido. Contiene teobromina, un compuesto que los perros eliminan mucho más lentamente que los humanos. Dependiendo del tipo y de la cantidad ingerida, puede provocar vómitos, diarrea, agitación, temblores, convulsiones y, en los casos más graves, incluso la muerte.
Las uvas y las pasas son aún más sorprendentes. Los científicos todavía no saben con certeza qué sustancia provoca su toxicidad, pero incluso pequeñas cantidades pueden desencadenar una insuficiencia renal aguda en algunos perros. Como no existe una dosis segura, nunca deberían ofrecerse.
La cebolla, el ajo, el puerro y el cebollino contienen compuestos azufrados que pueden dañar los glóbulos rojos y provocar anemia. Además, los síntomas pueden tardar en aparecer, lo que dificulta relacionarlos con el alimento ingerido.
El xilitol, un edulcorante cada vez más presente en chicles sin azúcar, caramelos, mantequilla de cacahuete y algunos productos de bollería, puede provocar una bajada brusca de azúcar en sangre y graves lesiones hepáticas en los perros. Una cantidad muy pequeña puede convertirse en una auténtica urgencia veterinaria.
¿Y la leche? Existe la creencia de que todos los perros pueden beber leche, pero no siempre es así. Los lácteos no son tóxicos, aunque muchos perros adultos pierden gran parte de la capacidad para digerir la lactosa tras el destete. Como consecuencia, pueden aparecer diarrea, gases o molestias digestivas, especialmente después de beber leche. Si tu perro tolera bien pequeñas cantidades de yogur natural o algunos quesos curados, no suele haber problema, pero no son alimentos necesarios en su dieta y siempre es preferible optar por premios naturales más adecuados, como pequeños trozos de carne deshidratada o frutas y verduras aptas para perros.
¿Y el kéfir? El kéfir natural, sin azúcar ni edulcorantes añadidos, contiene mucha menos lactosa que la leche gracias al proceso de fermentación, por lo que muchos perros lo toleran mejor. Además, aporta microorganismos beneficiosos que pueden contribuir al equilibrio de la microbiota intestinal. Aun así, no todos los perros reaccionan igual, por lo que conviene introducirlo de forma gradual, ofrecerlo en pequeñas cantidades y consultar con un veterinario si tu perro padece problemas digestivos o alguna enfermedad que requiera una dieta específica.

Y luego están los huesos cocinados. Muchos hemos crecido creyendo que darle un hueso a un perro era algo completamente natural. Sin embargo, los huesos cocinados son uno de los alimentos que más desaconsejan los veterinarios. Al cocinarlos se vuelven más frágiles y quebradizos, aumentando el riesgo de que se astillen en fragmentos afilados capaces de provocar atragantamientos, lesiones en la boca o en el aparato digestivo, e incluso obstrucciones intestinales.
La mejor recompensa no siempre es la más tradicional. La buena noticia es que prevenir este tipo de accidentes suele ser muy sencillo. Mantén los alimentos peligrosos fuera de su alcance, recuerda a los niños que no deben dar comida al perro desde la mesa y asegúrate de que las visitas sepan que «solo un trocito» no siempre es inofensivo.
Compartir la comida es una de las formas en que expresamos nuestro cariño. Saber qué alimentos debemos reservarnos es otra manera de cuidar de ellos.
"La próxima vez que te mire mientras comes, recuerda esto: no te lo pido porque sepa que es seguro. Te lo pido porque confío en ti."
¿Sabías que...? Existen golosinas con "chocolate" aptas para perros, ya que no contienen teobromina, por lo que son seguras para ellos. Aun así, los perros no tienen ninguna necesidad nutricional de consumir premios con sabor a chocolate. Siempre que sea posible, es preferible optar por recompensas naturales, como carne deshidratada o pequeños trozos de zanahoria, pepino o manzana sin semillas, que suelen ser una opción más saludable.












Lo del kefir me pareció interesante saber, yo le doy a mis perros casi a diario y aunque no he visto un efecto negativo, tendré en cuenta esta información y darlo menos a menudo 🙏😉