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¿Qué nos pueden contar las almohadillas de nuestro perro?

hace 4 días
1 min de lectura

Las almohadillas están en contacto constante con el suelo y soportan buena parte del impacto de cada paso. Por eso, observarlas con frecuencia puede ayudarnos a detectar pequeños cambios antes de que se conviertan en un problema.



¿Qué podemos observar?


Almohadillas agrietadas

La sequedad, el desgaste o caminar habitualmente sobre superficies muy calientes, frías o abrasivas pueden provocar grietas. Si son profundas o causan molestias, es importante revisarlas.


Almohadillas inflamadas o enrojecidas

Pueden aparecer por irritación, contacto con determinadas sustancias, alergias, cuerpos extraños o infecciones. Si tu perro se lame mucho las patas, cojea o muestra dolor, merece especial atención.


Almohadillas saludables

Deben tener una superficie relativamente uniforme, firme y elástica, aunque su color puede variar mucho de un perro a otro. Que sean negras, marrones o incluso parcialmente rosadas no significa necesariamente que exista un problema.


Almohadillas muy rugosas o costrosas

El engrosamiento, la acumulación de queratina o las lesiones persistentes pueden tener diferentes causas. No siempre están relacionadas con la alimentación, por lo que si el cambio persiste es recomendable consultar con un veterinario.


Almohadillas rosadas y suaves

Pueden ser completamente normales, especialmente en perros con almohadillas naturalmente claras o en algunas zonas de la pata. El color por sí solo no determina si una almohadilla está sana.



Lo más importante no es comparar las almohadillas de tu perro con las de otros perros, sino conocer cómo son normalmente las suyas y prestar atención a cambios en textura, color, temperatura, olor, heridas o sensibilidad.


Y, sobre todo, recuerda: las almohadillas no deberían dolerle. Si notas grietas profundas, sangrado, inflamación, heridas, cojera o lamido persistente, consulta con tu veterinario.

 
 
 

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