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Si tu perro hablara: Comunicación canina - los perros siempre nos están hablando.

15 oct
3 min de lectura

Vas paseando con tu perro cuando otro aparece al final del camino. Ambos se miran durante unos segundos. El tuyo gira ligeramente la cabeza, reduce el paso y desvía la mirada. Se lame los labios y comienza a describir una pequeña curva en lugar de caminar en línea recta. Tú apenas te das cuenta. Sigues caminando. Unos segundos después, tu perro gruñe.


"Ha gruñido sin avisar."En realidad, llevaba avisando desde hacía rato. Simplemente, no habíamos entendido el idioma.


A diferencia de nosotros, que dependemos sobre todo de las palabras, los perros utilizan principalmente su cuerpo para comunicarse. La posición de las orejas, la cola, la cabeza, la tensión muscular, la dirección de la mirada, la velocidad al caminar o incluso la forma de acercarse a otro perro forman parte de un lenguaje extraordinariamente rico y preciso.


Cada movimiento tiene un significado. Cada postura transmite información. Y la mayor parte de esa conversación ocurre en silencio.

Por eso, cuando un perro gruñe, rara vez está iniciando la conversación. Lo más habitual es que el gruñido sea uno de los últimos mensajes de una larga secuencia de señales que han pasado desapercibidas.


Antes pudo haber apartado la mirada para evitar un enfrentamiento. Tal vez giró ligeramente la cabeza, se lamió los labios aunque no hubiera comida cerca, bostezó sin tener sueño o se detuvo de repente para olisquear el suelo como si hubiera encontrado algo fascinante. A nuestros ojos pueden parecer gestos sin importancia o incluso casualidades. Sin embargo, con frecuencia forman parte de un lenguaje que los perros utilizan para rebajar la tensión, mostrar que no buscan problemas o intentar que la situación se desarrolle de forma tranquila.


Cuando dos perros se encuentran, muchas de estas señales son respondidas con otras similares. Uno reduce la velocidad y el otro hace lo mismo. Uno gira ligeramente el cuerpo y el otro evita acercarse de frente. Es una conversación silenciosa en la que ambos intentan entender las intenciones del otro y mantener el encuentro lo más seguro y cómodo posible.


Si esas señales no funcionan o no son respetadas, el perro puede sentirse obligado a utilizar mensajes cada vez más claros; el gruñido no suele ser un signo de agresividad. Muchas veces es un intento de evitar que la situación empeore. Y por lo tanto no tiene ningún sentido castigar o corregir un gruñido.


Comprender esto cambia por completo nuestra forma de interpretar el comportamiento canino. En lugar de preguntarnos por qué un perro ha gruñido, empezamos a preguntarnos qué intentó decir antes y no vimos.



También existen gestos que solemos interpretar mal. Uno de los más conocidos es el movimiento de la cola. Un perro no mueve la cola únicamente porque esté feliz. Una cola alta, rígida y con movimientos rápidos puede indicar excitación o tensión, mientras que una cola relajada que se mueve de forma amplia suele reflejar un estado emocional muy diferente. La cola, por sí sola, nunca cuenta toda la historia.


Si vives en Calvià, probablemente cada paseo sea también un encuentro con otros perros. Aprender a reconocer estas señales hace que esos momentos sean más tranquilos y seguros, tanto para ellos como para nosotros. A veces, respetar una pequeña curva en el camino o permitir unos segundos más de distancia evita situaciones incómodas mucho antes de que aparezcan.


Escuchar a un perro no consiste en esperar a que ladre. Consiste en aprender a ver todo lo que dice antes.


¿Sabías que...? Las expresiones faciales de los perros cambian cuando interactúan con las personas. Diversos estudios han demostrado que son capaces de mover deliberadamente algunos músculos de la cara —como los que elevan la parte interna de las cejas— con mayor frecuencia cuando saben que un humano les está prestando atención. Algunos investigadores creen que esta capacidad pudo favorecer la comunicación entre perros y personas durante el proceso de domesticación.


Si quieres seguir aprendiendo... Si este tema ha despertado tu curiosidad, te recomendamos la lectura de El lenguaje de los perros. Las señales de calma, de Turid Rugaas. Considerado un clásico de la literatura sobre comportamiento canino, este libro ha ayudado a miles de personas a comprender mejor cómo se comunican los perros y a descubrir un lenguaje silencioso que, una vez aprendes a reconocer, cambia por completo la forma de relacionarte con ellos.




“No necesito palabras para hablar contigo. Solo necesito que aprendas a mirarme.”

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