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Si tu perro hablara: el olfato, un superpoder.

Por Pascale Saravelli, educadora canina y codirectora de Social Dogs Mallorca.


«Por favor… déjame parar a oler. Es mi manera de entender el mundo.»


Hay dos maneras de empezar un paseo con un perro: la primera consiste en abrir la puerta de casa y caminar. 

La segunda… es la que realmente ocurre: avanzas unos metros y, de repente, tu perro se detiene. Acerca la nariz a un pequeño parche de hierba y permanece inmóvil. Cinco segundos. Diez. Quince. Tú esperas con la correa ligeramente tensa. Aprovechas para mirar el móvil, responder un mensaje o consultar la hora. Levantas la vista y piensas: "¿Qué puede haber tan interesante ahí?"

La respuesta es tan sencilla como sorprendente. Probablemente mucho más de lo que tú serías capaz de descubrir en todo el paseo. Porque mientras tú ves un trozo de césped… él está explorando un universo invisible.



Nos gusta pensar que compartimos el mismo paseo. Pero la realidad es que caminamos por dos mundos completamente distintos. El nuestro es un mundo de imágenes. Reconocemos caras, colores, edificios y paisajes. El suyo es un mundo principalmente de moléculas. Mientras nosotros observamos un parque, un perro percibe una inmensa nube de información química que nosotros ni siquiera sabemos que existe.

No es que tenga una nariz "mejor”. Tiene una nariz diseñada para responder preguntas completamente diferentes.


Cuando entramos en una cafetería solemos percibir el aroma del café, el pan recién hecho o el perfume de la persona que acaba de entrar. Nuestro cerebro reúne todos esos olores y construye una única impresión del ambiente.

Un perro hace algo muy distinto.Es capaz de separar gran parte de esa mezcla y analizar muchos de sus componentes individualmente. Es una diferencia parecida a escuchar una habitación llena de personas hablando al mismo tiempo. Nosotros percibimos un murmullo.

Ellos son capaces de distinguir muchas conversaciones por separado.

Los científicos llaman a esta capacidad discriminación olfativa, y es una de las características más extraordinarias del sistema olfativo canino.


La explicación empieza en la propia nariz.

Los seres humanos disponemos de aproximadamente entre cinco y seis millones de receptores olfativos. Los perros poseen entre 125 y 300 millones, dependiendo de la raza. 


Un Bloodhound, considerado el gran especialista del rastreo, se encuentra entre los que poseen mayor número. Pero la diferencia no termina ahí. La región del cerebro dedicada a procesar los olores es proporcionalmente unas 40 veces mayor que la nuestra. No solo detectan mucha más información, también dedican mucha más capacidad cerebral a interpretarla. Por eso, para un perro, olfatear no es un pasatiempo, es una de sus principales formas de comprender el mundo.


Existe otra idea que merece la pena cambiar. Solemos decir que un perro "huele un árbol" o "huele a una persona". En realidad, un perro no huele objetos. Huele moléculas.

Su sistema olfativo está especialmente especializado en detectar compuestos orgánicos volátiles (VOCs), pequeñas moléculas que se desprenden continuamente de personas, animales, plantas, alimentos y del propio suelo.


Cuando tu perro se acerca a una persona puede detectar sustancias como acetona, isopreno, diversos aldehídos, ácidos grasos volátiles y otros compuestos presentes en la piel y en el aliento. La combinación de todas esas moléculas forma una especie de huella química única para cada individuo.


Cuando olfatea la orina de otro perro no está identificando simplemente "olor a pipí". Está analizando una mezcla extraordinariamente compleja de compuestos orgánicos volátiles, aminas, ácidos grasos y moléculas procedentes de distintas secreciones corporales. Es esa combinación la que le proporciona información sobre quién pasó por allí.


Nosotros solemos percibir un olor. Ellos perciben información. Su nariz no es simplemente una versión más potente de la nuestra. Es un sistema especializado para detectar aquellas moléculas que, a lo largo de millones de años de evolución, han resultado más útiles para localizar alimento, comunicarse con otros animales, orientarse y sobrevivir.


Y ahora imagina esto: “Mañana te despiertas con un superpoder.”


Al cruzarte con una persona puedes saber si ha estado en la playa esa mañana, si convive con un gato, si acaba de cocinar, si ha estado corriendo o si pasó por esa misma calle unas horas antes.

Cada banco, cada roca y cada sendero esconden un mundo entero de información que hasta entonces había permanecido oculto para ti. ¿De verdad caminarías deprisa sin detenerte? ¿O pasarías buena parte del tiempo explorando ese nuevo universo? Lo más probable es que hicieras exactamente lo mismo que hace tu perro. Utilizarías ese superpoder constantemente. Porque sería imposible ignorarlo.


Hay otra diferencia entre nosotros que rara vez pensamos. Nos despertamos y consultamos el teléfono. Leemos las noticias. Escuchamos la radio. Vemos la televisión. Hablamos con vecinos y amigos. Recibimos mensajes continuamente.

Sin salir de casa podemos saber qué ocurre en nuestro barrio o al otro lado del planeta.

Un perro no tiene nada de eso.


La única forma que tiene de mantenerse "al día" es salir al exterior y recopilar información directamente del entorno. Cada olor contiene información. Mientras nosotros actualizamos las noticias, ellos actualizan su conocimiento del mundo. Cada paseo es una puesta al día. 



Cala Fornells, Calvià.
Cala Fornells, Calvià.

Si vives en Calvià, prueba a regalarle ese tiempo en lugares como el Parque Arqueológico Puig de sa Morisca, con más de ocho kilómetros de senderos entre pinares, garriga mediterránea y magníficas vistas sobre la bahía, o en el camino que atraviesa el pinar de Cala Fornells hasta las pequeñas calas de Cala San y Cala Rafax, donde el bosque se funde con el mar. Para ti será un bonito paseo; para él, una oportunidad de descubrir el mundo con la nariz.


En cierto modo, cuando un perro se detiene a olfatear, está leyendo el periódico del barrio. Solo que ese periódico está escrito con olores.


Y no solo "leen" el presente.


Los olores cambian con el paso del tiempo. Se dispersan, envejecen, interactúan con otros compuestos y son desplazados por el viento. Los perros pueden utilizar esos cambios para seguir rastros y distinguir un olor reciente de otro más antiguo. Aunque la ciencia todavía no permite afirmar que sepan exactamente cuánto tiempo ha pasado desde que alguien estuvo allí, sí sabemos que perciben esa evolución del olor. Nosotros vemos una fotografía del momento. Ellos perciben parte de la historia.


Nosotros miramos el reloj para saber qué hora es. Ellos levantan la nariz.


Existe otra idea fascinante sobre el olfato canino que todavía se está investigando. Nosotros medimos el tiempo con relojes, calendarios y horarios. Para un perro, el paso del tiempo podría estar relacionado, al menos en parte, con la evolución de los olores.


La investigadora Alexandra Horowitz propone que los perros podrían utilizar los cambios en la intensidad y composición de los olores como una forma de situarse en el transcurso del día. Cuando sales de casa, por ejemplo, tu olor no desaparece de golpe. Poco a poco va disminuyendo su intensidad y cambiando su composición. Es posible que tu perro aprenda que, cuando ese rastro alcanza un determinado nivel, normalmente es el momento en que vuelves a casa.  Lo mismo podría ocurrir con muchos otros olores del entorno. A medida que avanza el día, cambian las personas que pasan por la calle, la actividad de otros animales, la temperatura, la humedad e incluso la forma en que las moléculas olorosas se dispersan por el ambiente. 


Para un animal cuya principal fuente de información es el olfato, todos esos cambios podrían formar una especie de "reloj químico" mucho más rico de lo que nosotros somos capaces de percibir. Todavía no sabemos exactamente cómo experimenta un perro el paso del tiempo. Pero sí sabemos que, para él, el mundo no es una fotografía inmóvil. Es un paisaje que cambia continuamente con cada nueva molécula que llega a su nariz.


Quizá la mejor prueba del extraordinario poder de una nariz canina no la encontremos durante un paseo, sino trabajando junto al ser humano.


Los perros detectores ayudan a localizar personas desaparecidas, encuentran supervivientes bajo los escombros tras un terremoto, identifican explosivos como el TNT, el RDX o el PETN, detectan drogas y colaboran en la localización de restos humanos, incluso en masas de agua, identificando los compuestos volátiles que ascienden hasta la superficie.

También existen perros entrenados para detectar cambios en el olor corporal asociados a determinadas enfermedades, como algunos tipos de cáncer o episodios de hipoglucemia.


Hace más de tres siglos, el científico Robert Boyle describió cómo un Bloodhound fue capaz de seguir el rastro de una persona durante aproximadamente once kilómetros a través de caminos muy transitados y encontrarla escondida en el piso superior de una casa. Hoy seguimos maravillándonos con historias parecidas, pero ya no las atribuimos a la magia, sino a uno de los sistemas olfativos más sofisticados que ha desarrollado la evolución.


La próxima vez que tu perro se detenga delante de un simple trozo de hierba, quizá merezca la pena guardar el teléfono en el bolsillo y esperar unos segundos más. Es posible que tú solo veas hierba. Él está explorando un universo entero.

Y cuanto más comprendemos ese universo, más fácil resulta entender que un paseo no consiste únicamente en caminar.


Para un perro, salir a pasear es actualizar todo lo que sabe sobre el mundo.


«Cuando me dejas parar a oler, no solo me estás dando un paseo. Me estás permitiendo utilizar el superpoder con el que nací para descubrir mi mundo.»


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